Cansada del primer mundo

Adelaide, 9 de Noviembre de 2016

Querido Papo:

Tengo que contarte algo.

Hoy salí a caminar por Adelaide, si, la tierra de Lleyton Hewitt, ese con el que jodíamos cuando jugábamos al tenis.

Pero te voy a contar lo que me pasó:
Caminé como dos horas o más en las calles despobladas de ésta ciudad australiana y estuve siendo muy negativa, lo cual en un momento me preocupó, mi conciencia moral me decía: -estas en un país primermundista (*considerando ésta definición de primer mundo), viajando y recorriendo, ubícate, no podes ser tan alarmista- pero ésta vez me chupó un huevo mi conciencia moral y la mandé a freír papas. Así de simple.

Estuve deambulando cuarenta minutos bajo el rayo del sol (que dicho sea de paso, acá el sol pega mas fuerte que en cualquier otro punto del planeta) y no había una sola persona en la calle. Eran puros autos.
Todo tan artificial. Traté de cruzarme a alguien en la calle para preguntar donde había un supermercado porque ni siquiera encontraba una tiendita o unos chinos y me estaba muriendo de hambre (bue, es una forma de decir, sabés que tengo un gran rollo de reserva), pero no había una sola persona caminando por la vereda.
Todo estaba muy automatizado, todos se movían en autos.
Había casas de la puta madre, había autos de la puta madre, había lanchas estacionadas en los patios… todo parecía tan salido de videoclip de reggaeton pero no había señales de vida humana por ningún lado. Ni siquiera en las plazitas con juegos para los chicos. Las pobres hamacas si no hacían fuerza para moverse por el viento se herrumbraban.

En éste, que es un país tan explicado, en el que hay instrucciones para casi todo: como subir y bajar del tren, como comportarse en los medios de transporte, que hacer frente a un semáforo en rojo, etc… ¿Habría algún manual de instrucciones de como llegar al supermercado?
¿o de como vivir la vida?

Los pajaritos cantaban (ví dos coloridas rosellas en un árbol), las flores lucían espléndidas sus colores en los jardines, pero no había nadie que las oliera. Las personas estaban o encerradas en las casas o trabajando en otro lado.

Todo eso me hizo preguntar si vale realmente la pena vivir en un lugar así.
Hoy Adelaide me parecía esas ciudades del futuro que pasan en las películas, donde hay autos voladores , las personas usan chips de inteligencia bajo la piel y todos se comunican por celular.
Me sorprendió el poco contacto humano en este lugar.
Cero, cero, cero.

Y me puse a hacer dedo. Dije: – bueno, por ahí alguien para y le pregunto donde hay un supermercado cerca- , (ni siquiera hice dedo para que me lleven), pero no hubo suerte. Nadie paró. Todos pasaban y no saludaban. Ni siquiera una sonrisa o, al menos, un mínimo signo de contacto visual…
Australia y sus ciudades. Me superaron. Estoy podrida.
La artificialidad me resbala.
Esta felicidad huele a caucho y plástico.

Es un tema para meditar.
Me indigna.
Pasó el tiempo, una hora, y seguía sin cruzarme un alma en la calle.
Barrios hermosos, con mucho trabajo de jardinería encima, pero sin que nadie los transite.
¿que esta pasando?

Después de una hora y media callejeando bajo el sol, me crucé una persona que estaba caminando. Si, UNA PERSONA QUE CAMINABA.
Y le pregunté donde había un supermercado o una tiendita para comprar algo para comer viste.
El super mas cerca resulta ser que me quedaba a cuarenta minutos caminando en un país pensado para gente con autos y no con piernas. (Si total el gimnasio está abierto las 24 horas, ¿para que vas a caminar?)
Así que fuí a paso de tortuga hasta el super, bien desubicada caminando en medio de todos los autos. Decí que todavía quedan las veredas. Pequeñas sobrevivientes en medio de tanta Motorway.

Llegué al super con hambre y como acá los supermercados están ubicados en medio de los gigantes centros comerciales, me puse a pasear por el centro comercial. Y leía las publicidades de protectores solares y pastillas naturales. Ahora la obsesión nacional en Australia es evitar la muerte. Hay productos para evitar todo tipo de cánceres en la farmacia, el supermercado, la tienda de jabones. Era tanto que me daba la espantosa sensación de que cuando uno no tiene problemas se los tiene que inventar.

Encontré varios locales donde se podía ir a comer.
Adivina en cual estaba la cola más larga de gente esperando?
Correctoooo, en ese, el Mac Donalds. (o Maccas según los australianos, porque acá le ponen sobrenombre no solo a las mascotas).
Los locales de comida sana estaban vacíos. Y no era por el precio.

Y cuando te digo que esta felicidad huele a caucho es por que así es como lo siento yo (seguro hay muchos en desacuerdo conmigo). Recuerdo cuando fuí al centro de Melbourne el día de las corridas de caballos de Flemington, una competencia que se hace una vez al año.
Quedé sorprendida, ademas de la vestimenta onda Dolce Gabanna de la gente y los sombreros top de las mujeres, de como salían cuando terminaba la fiesta.
Todos borrachos riendo y haciendo bromas a quienes no estábamos en su misma sintonía.
Con vestimentas impecables y que encontrás en los locales de ropa arriba de los 500 dólares, pero que las lucían vomitando bajo un sol de las cuatro de la tarde.
Y me dió la impresión de que este patético comportamiento estaba justificado: permitía el desahogo y la descarga de ansiedad que genera el mismo consumismo.
¿Cuantas contradicciones cabrán en esta sociedad, que alienta en eventos como éste el consumo de drogas tan dañinas como el alcohol ,y, al mismo tiempo, etiqueta de peligrosas a otras drogas que le son menos funcionales al sistema?

A lo ultimo, cuando por fin me senté a descansar y comer dos rolls de sushi, me pongo a mirar lo que hacía la gente a mi alrededor. Cada uno ensimismado en su celular. Las dos chicas sentadas al lado mío no se dirigieron la palabra en todo el almuerzo, estaban muy entretenidas jugando al Pokemon go. El hombre que parecía hombre de negocios sentado al otro lado estaba dele y dele teclear la computadora sin dar un respiro. El resto de los que pude observar comían la hamburguesa con una mano mientras sostenían el celular con la otra.

Ojo, no quiero sonar muy pesimista diciendo todo esto.
También hay cosas que rescato y me parece que están buenas de acá, como la confianza en el otro, en el ciudadano:
Vas al supermercado y podés pagar automáticamente, sin necesidad de una cajera
Vas a un Letils (restaurante conocido en Sydney y Melbourne) y en el menú los platos no tienen precios, y que al precio lo tiene que poner cada uno de acuerdo a lo que le parece la comida y la atención
Vas a cargar nafta al auto y podes hacerlo sola, después vas y pagas
Caminas por algún barrio y a veces encontrás frutas empaquetadas con una alcancía al lado que dice “honesty box” que apela a la honestidad de cada quien a la hora de agarrar una fruta
Vas a uno de los centros de comida rápida y te podés volver a llenar el vaso con gaseosa cuantas veces quieras
Subís al colectivo y nadie te pide la tarjeta, hay un lugar al lado de cualquiera de las puertas del colectivo donde sola podes marcar tu subida o no
Así funciona Australia.
Parece tan perfecta. Pero es una perfección que me da miedo. Porque mata el elemento caótico.

Hay países en Sudamérica que están peor- me decís.
Yo no sé que está mejor ni peor. Sudamérica tiene sus problemáticas, pero déjame decirte que Oceanía también tiene las suyas. Los problemas de los países son relativos.
A veces cometemos el error de pensar que en otros países la gente vive mejor, porque, como dice el dicho: “siempre el pasto está más verde en el patio del vecino”. Pero hay muchas tonalidades de ese verde.
No sé que verde será el mejor.
Tampoco sé si alguno lo sabe.
¿Existirá en algún país el color “verde equilibrio”?

Un abrazo que llegue hasta allá,

Tanke

P.D. Juuusto cuando termino de escribir esta carta, prendo la compu y veo que Donald Trump fue elegido presidente de Estados Unidos.
Ya está.
¡Paren el mundo, me quiero bajar!

Una respuesta a “Cansada del primer mundo

  1. gorrr¡¡¡ viste que el calor, la humedad, la lluvia y las alergias de este norte santafesino que te vio nacer un dia de 40 grados con corte de luz en el mismisimo momento que nacias¡¡¡ no son tan graves¡¡¡ ja ja¡¡

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