Tonga en alpargatas

IMG_20160516_143310075_HDRAviso: Acá no van a encontrar fotos de cuerpos esbeltos en playas paradisíacas de arenas blancas y mar transparente, bahianas bailando el hula hula, personas bebiendo cocos ni madonnas cantando “la isla bonitaaa”. Tampoco hay recomendaciones de dónde alojarse, en que restaurant comer o que tipo de actividades (snorkel, buceo, kayak) hacer.

Este es un post que no posee información acerca de atractivos turísticos. A lo sumo podrán encontrar recomendaciones de atracciones humanas. Por eso el titulo, Tonga en alpargatas, por mi rústico talante al abordar el tema.

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El de la musculosa de guerra no paraba de sonreir

Malo e leleí!

Tonga, oficialmente conocido como El Reino de Tonga, es un país de Oceanía integrado dentro de la Polinesia.  Está formado por la unión de más de 177 islas, de las cuales solo 36 están habitadas. Cuenta con aproximadamente 100 000 habitantes y la mayor parte de su población habla los dos idiomas oficiales del país: el inglés y el tongano.

Llegamos a Tonga después de dos vuelos y una escala de doce horas y no pudimos resistirnos: el clima veraniego comenzó a invadirnos y el mal humor que acarreábamos lo fuimos dejando de lado poco a poco.
“Malo e leleí” fueron las primeras palabras que escuché en tongano, que provenían del oficial de inmigración, después del clásico interrogatorio de que veníamos a hacer a Tonga, por cuanto tiempo, y si teníamos vuelo para salir del país (primera vez que me lo piden ingresando a un país).
Lo que no sabía era que ese “Malo” y “malo e leleí” (que al principio no entendía de que se trataba, -lo llegué a relacionar con “algo malo”, debido a mi español- y a mi error de no haber sabido mínimo el “hola, chau y gracias” del país al que iba) nos iba a acompañar en todo el viaje por Tonga.
Si tuviese que decir en que se caracterizan los tonganos, sin lugar a dudas diría que por su simpatía. “Malo e leleí” de acá, “malo e leleí” de allá. La gente te saludaba, te daba la bienvenida a su país por todos lados.

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Así,como en la calle, nos recibian en una de las escuelas

El plan era hacer dedo desde el primer día, pero comenzamos haciendo trampa: nos subimos a una especie de “taxi” de una señora que nos cobró unos 15 TOP(moneda de tonga) por cabeza.
El tramo del aeropuerto al hostel donde íbamos a hospedarnos fue más largo de lo que esperaba: media hora. (Desde el avión la isla Tongatapu parecía más chica). Esa media hora, sin embargo, no fue en vano. El camino nos tenía preparado varias sorpresas…
Las calles, las no veredas, los no semáforos, la escasez de señales de tránsito, las mujeres que vendían ropa en tendederos colgados al lado de la ruta, jóvenes cocinando pollo al lado de los tendederos, puestitos de venta de bananas u otras frutas, la mamá chancha y sus chanchitos que cruzaban la calle por dónde menos te lo esperabas, los perros callejeros que sabían mirar a los dos lados antes de cruzar la calle, un par de banderas de Japón (?), gente sentada arriba de los autos como esperando no sé qué…

Llegamos al hostel y el primer día en Tonga nos dedicamos nada más y nada menos que a dormir.
Al día siguiente arrancó la caminata por la capital de Tonga: Nuku´alofa.
¿Cómo hago para explicarles que no nos alcanzaban los “malo e leleí” para saludar a tanta gente?
La mayoría de los tonganos tendían a saludar, aunque sea con un breve asentimiento de cabeza. Los mas simpáticos eran los niños, que movían las manos y se reían en grupo al compás de un feliz… “malo e leleí!!!”.

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Malo e leleí popular!

Buen apetito
Preguntando se llega a Roma dice el dicho, que me tomo el atrevimiento de adaptarlo a este viaje: preguntando se llega a los restaurantes locales.
La comida (depende en qué lugar), era muy barata y suculenta. Una vez que averiguamos los lugares más económicos a los que iban los tonganos, no pudimos dejar de ir.
Antojado de pescado crudo con crema de coco? Curri de cordero? O carne de caballo? Ahí estaban los restaurantes locales con platos que rondaban los 6 TOP.
Todos los platos iban acompañados de arroz o de mandioca, cosa que no te quedes con hambre.
La comida es sin duda son una parte integral de la sociedad de Tonga. A esto uno lo puede intuir fácilmente al caminar por cualquiera de sus calles y prestar un cachito de atención: el 90% de los tonganos (adultos) tiene sobrepeso.

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´Ota ika, el plato nacional de Tonga (y una de los platos más ricos que probé)

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Por lo general tratamos de ir a comer a lugares  poco turísticos. Si hay menú-fotos como en éste, nos vamos.

Misa del domingo
Nos lo advertían por todos lados: “el domingo está todo parado, no hay nadie en la calle, en el único lugar que van a encontrar gente es en misa”. Yo, al principio, no dimensioné que tan cierto era el hecho que no íbamos a ver ni un alma en la calle.
“Si quieren ir a misa, tienen que vestirse acorde a la ocasión” – nos recalcaba Yvette, la señora del hostel. “Tienen que usar ropa que cubra los hombros y las rodillas”. Vestirse reservadamente es obligatorio tanto para los habitantes de Tonga como para los visitantes.
En medio del revoltijo de una mochila 2×2 con tres mudas de ropa y enmarañada en el clásico “no sé qué ponerme” que hacía tiempo no me ocurría, había comenzado a pensar en darle de baja a la idea de ir a misa. Nunca hubiese llegado a imaginar que tan estricto podía ser. Era tan estricto que hasta me intrigaba. Así que en vez de desistir, agarré la única calza que tenía, un vestido floreado y un par de zapatillas flúor que no pegaban ni con moco, y, cual chapulín colorado, encaré derechito para misa…

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Misas prolijas

Los domingos tonganos están dedicados a la iglesia, la familia y el descanso. Y se espera que todos lo respeten como un día de pausa.
Todas las empresas, mercados y tiendas están cerrados por ley, no se programan vuelos, los contratos comerciales firmados en domingo son nulo de pleno derecho y no se permiten actividades deportivas. Todo esto es para permitirle a las familias ir a la iglesia, ya que éste supone ser un día de culto y fiesta.
Sí, así como lo ves, la religión es un peso pesado en Tonga. Desde la época de los primeros misioneros hasta los tiempos modernos, el cristianismo ha sido uno de los aspectos más importantes e influyentes en la vida de los tonganos.

Y la misa resultó ser como todas las misas, con dos cosas distintas: 1- no entendía nada (era hablada en tongano), y 2- tenía un coro de gente cantando con tanta energía, que lograba ponerte la piel de gallina a cada rato.

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A la salida de la misa, la mayoría de las familias se tomaban una foto todos juntos

La sociedad de Tonga se guía por cuatro valores fundamentales: Fefaka’apa’apa’aki (respeto mutuo), Feveitokai’aki (compartir, cooperar y el cumplimiento de las obligaciones mutuas), Lototoo (humildad y generosidad) y Tauhi vaha’a (lealtad y compromiso). La familia es un valor fundamental.  Una familia típica suele estar formada por: padres, hijos, niños adoptados, tíos, primos, abuelos y otros parientes lejanos. Las personas mayores son las merecedoras del mayor respeto y, por lo general, cada miembro de la familia conoce su función.

El reino de…
El amor (y respeto) de los tonganos por la familia es un reflejo de su amor por la familia real. El país está constituido como una monarquía parlamentaria, es la única nación del Pacífico que nunca fue colonizada por una potencia extranjera y que nunca perdió su gobierno indígena.
Tuve la oportunidad de charlar con varias personas, y la mayoría declaraba su aprobación al rey y a la familia real.
A pesar del constante bombardeo publicitario por parte de algunas corporaciones, como la de compañías de teléfonos celulares (que ya daba dolor de cabeza), y de la -cada vez más- inminente influencia de países extranjeros, los tonganos parecían conservar con orgullo su adoración al rey y sus tradiciones auténticas.

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Un mural en Nuku alofa con la imagen del rey actual, Tupou VI, coronado en 2012

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La familia real. Una de las postales que me traje de Tonga.

Tapas, alfombras y ‘ta’ovala’
Si buscas artesanías en Tonga, no te va a ser muy difícil encontrarlas. Están disponibles en la mayoría de las tiendas y mercados.
Una de las artesanías más conocidas es el Ngatu ( o“Tapa”), que es de gran importancia social para los isleños, y uno de los objetos más preciados en los hogares. Cada pieza de tapa es única y diferente, son hechas a mano y se ofrecen como regalos. Se fabrican con un papel-tela que se extrae de la corteza de un árbol y después se la estampa.
El sonido de los mazos de madera golpeando la tela de tapa es uno de los sonidos más familiares del país. Desde la mañana hasta el atardecer, las mujeres se reúnen en sus casas o en el fale kautaha (casa comunal de tapa del pueblo) para ayudarse una a la otra en el proceso de hacer la tapa. Hoy en día, la tapa se usa en ocasiones formales o para dividir salones dentro de la casa. En Tonga, una familia se considera pobre o rica no por el poco  o mucho dinero que tengan, sino dependiendo de si tienen o no una Tapa en stock en la casa para donar en los nacimientos, casamientos o funerales a las otras familias.

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Alfombra “recién sacada del horno”, lista para secarse a la luz del sol

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Grupo de mujeres tonganas reunido para estampar alfombras (y charlar).

Al igual que la impresión de la tapa, la creación de los ´ta´ovalas es una parte importante de la vida cotidiana de las tonganas.
Los tonganos usan el ‘ta’ovala’ alrededor de la cintura como una forma de respeto en ocasiones especiales (por ejemplo, todos van a misa con el ´ta´ovala en la cintura) y son muy atesorados, transmitiéndose de generación en generación.

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´ta´ovalas´ en venta en el mercado

Tonga a dedo
Quienes me siguen de hace un tiempo, conocerán mi forma de encarar los viajes: tratando de introducirme cuanto pueda en la vida de las personas en ese lugar del mundo. Compartir lo cotidiano, involucrándome en el día a día, meterme de lleno en sus costumbres, sus tradiciones, su contexto, dejar la piel, saborear el lugar a ritmo lento, caminar sus calles, sus veredas, hablar con su gente. Hace un tiempo que me dí cuenta que no viajo tanto para conocer lugares turísticos como para observar y conocer cómo vive la gente.

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Porque es la buena gente la que hace los buenos lugares.

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“Las ciudades son un conjunto de muchas cosas: memorias, deseos, signos de un lenguaje; son lugares de trueque, como explican todos los libros de historia de la economía, pero estos trueques no lo son sólo de mercancías, son también trueques de palabras, de deseos, de recuerdos.” Italo Calvino

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Desde nuestro segundo día en Tonga decidimos comenzar a hacer dedo.
Porque creo que es una de las mejores maneras de aprender sobre los lugares por los que viajo, de conocer sobre su gente. Por que si bien para muchos viajar puede significar un paréntesis de la vida real, yo entiendo a los viajes como algo inherente a la vida real.

Perdí la cuenta de la cantidad de autos que nos levantaron, incluso muchos paraban a preguntarnos si nos podían alcanzar a algún lado. El tiempo de espera promedio fue de 5 minutos.(Sin exagerar).

Nos levantaron dos familias, dos señores de negocios, un par de amigos, señoras que pisaban los 60, varios extranjeros (de Alemania, Australia, Costa Rica) que residían en Tonga, y hasta un policía! Viajamos en autos y camionetas, junto al conductor o en la parte de atrás, como solían viajar la mayoría de los locales (no sé si se trata de una cuestión de ahorro, pero la mayoría de las chatas en Tonga viajan sobrecargadas de gente).

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Viajar por la ciudad de esta forma es común para los locales

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El policía que no se pudo resistir a nuestros encantos (?)  y nos levantó!

En el camino, muchos nos agasajaron de diferentes formas: llevándonos a ver lugares que no aparecían en el mapa de la oficina de turismo y los cuales desconocíamos, convidándonos con golosinas locales, comprándonos un curry en lo que ellos consideraban “el mejor lugar para comer curry”, acercándonos un tramo con una buena charla, dándonos consejos o conversándonos sobre su cultura.

Una de las personas que conocimos en el camino fue Jaqueline, una señora de Estados Unidos casada con un tongano que había emigrado a Tonga en busca de una jubilacion tranquila, “zero-stress”– como le gustaba definir su nuevo estilo de vida. Jaqueline nos contó su forma de ver las cosas, dándonos su versión de lo que era para ella vivir en Tonga: “Para mi pobreza y limpieza son dos cosas distintas. Se puede ser pobre, humilde, pero eso no justifica ser sucio. Si ves acá la gente no se percata de la higiene de sus casas, están abandonadas. No cuidan sus casas como no cuidan a los animales. El concepto de “cuidar” es distinto acá en Tonga. Los perros de la calle dan lastima. Si preguntas, te vas a dar cuenta que no son perros de la calle, tienen dueños, pero viven en la calle. Cada tongano tiene más de cinco perros, ninguno de ellos sano. Uno con sarna que se le ve la piel, el otro desnutrido, muchas perras que quedan preñadas constantemente y dan a luz perritos que van a parar al mismo mal estado que los otros perros. No vas a ver un perro sano acá. Lo peor es que es tanto el descuido, que dejan a sus niñitos jugar con esos perros, imagínate a la cantidad de infecciones que esos niños están expuestos”

“Yo tenía al Chuli (el perro) que cuidaba un montón, desapareció hace dos semanas, estaba sano y es por eso que mi vecino me dice que se lo habrán comido… acá hay gente que come perros. Ofrecí una recompensa de 1000TOP para que me lo devuelvan pero sigue sin aparecer”.

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La chancha y sus chanchitos, una escena cotidiana del país. Allá quien no tiene perro tiene chanchos (o los dos). Es parte de su trabajo y de su dieta : los engordan y, o los venden, o se los comen.

Me llamó la atención los “fishing pigs” (cerdos pescadores) que con toda naturalidad se meten al mar en búsqueda de pescados para alimentarse. Se los puede encontrar en el noreste de la isla Tongatapu. Acá va un video de youtube para que se den una idea.

Otra versión de Tonga fue la que nos dio Tequi y su amigo, que nos levantaron y nos llevaron de paseo por la isla un día sábado de familia.
Los sábados la mayoría de los tonganos se reúne en familia previo al día domingo de súperrefamilia. Como al domingo siguiente era el día del padre, vimos a varias personas en los cementerios de los pueblos decorando para el día siguiente las tumbas de sus padres ya muertos.
Tequi nos habló de las dos cosas por las que Tonga es conocido a nivel mundial: 1-por ser el primer país en recibir el día y 2- por ser “la joya del pacifico”, es decir, la única isla del pacifico donde gobierna un rey y que no depende del Commonwealth. También nos contó que “hay más tonganos viviendo afuera que dentro de Tonga (viviendo en EEUU, Australia y Nueva Zelanda), porque allí se supone que tienen un mayor acceso a “la” educación y mejores oportunidades laborales”. Por momentos me reía, por momentos me daba un nudo en la garganta y ganas de llorar. “Acá en Tonga estamos bien, los que critican al país, a nuestra manera de vivir, a nuestro rey, a nuestras costumbres, son los que dicen ser de acá pero viven en otro país. Creen tener una visión más clara o mejor que la nuestra. Pero en el fondo lo que intentan no es más que querer aplicar un estilo de vida “occidental” a nuestra isla, un sistema donde el dinero es el valor más importante. Pero acá tenemos muchos otros valores importantes, seremos pobres en comparación de la vida que llevan en Estados Unidos, pero es una pobreza que no nos importa, no nos comparamos con ellos. Vivimos con lo que necesitamos: los chanchos, la familia, la playa… y si todos entramos en una camioneta, ¿para qué queremos dos? , y si le puedo pedir al vecino que me ayude con la tierra de mi casa y al otro día él me puede pedir ayuda con el jardín a mí, ¿para qué vamos a contratar a alguien?”- me decía. Y para cerrar remataba a modo de chiste: “al fin y al cabo, mejor que se queden en sus “otros” países, porque si todos los tonganos que viven fuera de Tonga vuelven, la isla se hundiría”.
Cuando le comenté a Tequi (en busca de su opinión, y, -lo confieso- alguna que otra pica) la versión que Jaqueline me había dado de como son los tonganos para el trabajo:“si le das trabajo a un tongano, ellos te ponen las condiciones: tenés que ir a buscarlos a la casa, llevarlos, traerlos, darles el desayuno, el almuerzo… y te van agarrando confianza y creen que le tenés que prestar cosas… y te empiezan a pedir cada día algo distinto. ¿Dónde se vio eso? ¿n0 ven que en ningún lado te ofrecerían eso? ¿No se dan cuenta que el mundo no funciona así?”, Tequi respiro hondo y, como quien no quiere la cosa, le respondió a Jaqueline a través de mí: “es que el mundo funciona así en Tonga, querida”… y me la mandó a guardar.

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Así dejaban las tumbas, bien decoraditas para el domingo del padre

Cada cosa a su debido tiempo

La paciencia (y pereza) con la que los tonganos se movían me causaba risa. Íbamos a un restaurant y un plato llegaba a los cinco minutos el otro a la hora, te daban indicaciones para llegar a algún lado y se tomaban toooodo su tiempo, los autos marchaban a 30 km por hora (o menos) en la ciudad de lunes a lunes. Los tonganos nunca parecieran estar apurados, ni para el trabajo, ni para descansar, ni para ir a misa. Cuando fuimos al mercado me sorprendió que ningún vendedor se acercase a vendernos algo o nos llamase la atención, cada quien parecía estar inmerso en su propia burbuja. Podría decir que eran ese tipo de vendedores del estilo: “si le interesa lo que ofrezco, vendrá a comprar”.
Lo que no me daba risa era cuando esa pachorra traía aparejada una desorganización que nos complicaba todos los esquemas. Nos pasó de querer tomar el ferry el día que estaba en el folleto y resultaba que era otro día. Íbamos al otro día y era a otra hora. Compramos un boleto y el único barco que se suponía que volvía al día siguiente, volvía a la semana siguiente. Desesperados para no perder el vuelo de vuelta a Nueva Zelanda tuvimos que averiguar por un avión, pero resulta que otro barco salido no sé de dónde salía al oootro día siguiente…. Y así sucesivamente. El día a día en Tonga era completamente impredecible.

Fuimos a buscar el hostel del folleto que quedaba al otro lado de la ciudad y resulta que no había hostel al otro lado de la ciudad. Los vuelos se organizaban “según lo que pinte”, al barco entrabas “por donde te pinte” (agachándote por aquí o pegando un salto por allá) y “a la hora que pinte”. La organización en Tonga parecía estar regida por “lo que pinte”. Me acuerdo de los del departamento de marketing de la compañía de celular que llamaban y cuando les decía “I don´t speak tonganes”, se quedaban callados papando moscas un rato y me respondían (después de 1 minuto de silencio): “ahh,ok, have a nice day”…

Debo reconocer que había veces que me superaban y no podía manejar mis niveles de impaciencia, terminaba embroncada hasta con la radio de noticias y la telenovela del mediodía “porque me daba sueño cada vez que hablaban”…

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En Tonga siempre “está todo bien”. Este pibe se mandaba unos pollos asados con una humareda que se impregnaba en la ropa de la tiendas de las señoras, y… “estaba todo bien”

Haciendo el balance final del viaje, terminé por reconocer y darme cuenta de que Tonga había calado hondo en mí. De repente, los tiempos y las formas con las que se manejaban en la isla, habían dejado de ser un karma y se habían transformado en un ejemplo de vida. Me vi queriendo adoptar sus maneras, su zero-stress, su paciencia, su flexibilidad para con la vida, sus tiempos, su filosofía, su hospitalidad…

Esa generosidad que los caracterizaba, del querer dar más de lo que pueden.
Así de lindo era Tonga.

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Los locales se meten al mar con ropa. Es una costumbre que se transformó en ley. (excepto en los resorts privados). Como forma de respeto, uno también tiene que meterse al agua con ropa.

La última noche que pasábamos en Tonga decidimos salir a caminar.
En uno de esos instantes en los que me sumerjo en mi nada misma, recuerdo haber mirado al cielo y haberme dado cuenta de que no era un chiste, de que aquello que me habían dicho era verdad:
“la medialuna, desde ese punto del planeta, se veía como una sonrisa”

FIN

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