Simplemente Guyana

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Mercado municipal en Georgetown

Guyana es un país que me generaba varias confusiones cada vez que inspeccionaba cuál era su lugar en el mapa. No sabía  si se trataba de un despiste mío o si éste país tenía tantos matices que era difícil no ser capturado por sus contradicciones.
Leía varios artículos intentando aclarar confusiones y encontraba este tipo de data: “Guyana es miembro de la Unasur y miembro asociado del Mercosur”, “Guyana forma parte de la comunidad del Commonwealth, cuya cabeza es la reina de Gran Bretaña”, “Guyana es uno de los miembros de pleno derecho en la Comunidad del Caribe, hasta el punto de que la sede de esta comunidad se encuentra en su capital”, más leía y más desconcertada quedaba.

Mientras recorría su capital, Georgetown, trataba de hacer conexiones: “hablan inglés porque fueron colonia de Inglaterra”, “limita con Brasil y Venezuela pero está más unida culturalmente a las islas del Caribe inglés, como a Surinam y a la Guayana Francesa, que al resto de Sudamérica”, “tienen un sentido de hermandad mucho más grande con los caribeños que con los latinos”, y pensaba: ¿Hasta qué punto el compartir un mismo continente nos dá identidad?

Por momentos llegaba a la conclusión de que tenía más cosas en común con un chino que con un guayanés.

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Así son la mayoría de las compras en la ciudad

¿De dónde sos?
Cuando viajamos, la forma más habitual de comunicarnos con las personas es a través de la preguntad e dónde venimos ¿Por qué recurrimos a esto? Rompemos el hielo hablando de nuestro lugar de origen porque pareciera que nuestro lugar de origen nos describe, nos representa. ¿De dónde venís? Es una forma admitida y discreta de preguntarle a un desconocido ¿Cómo es tu vida? Una sola frase, sencilla y corta, da mucha información de la vida del que la dice. “El lugar que habitamos habla por nosotros” (¿será?)

En mi paso por Guyana, ensayaba cuales podrían ser las posibles respuestas de un guayanés a esta pregunta:
-¿De dónde sos?
– De Guyana.
¿Sería acaso ese el punto final de la conversación?

Creo que todo lo contrario.

Decir “soy de Guyana” significaba (para mi) abrir un abanico de posibilidades, no lo cerraba, no me daba tanta información de la persona que lo decía.

¿Descendiente de…? ¿Te identificas más con …? ¿Tus comidas clásicas son…? ¿Crees en …?

La mayoría de los guayaneses coincidían en lo mismo: se consideraban más caribeños que sudamericanos, su cultura está más asociada a las islas del caribe (excepto las que pertenecen a Francia) que con el continente del que forman parte. Pero el resto, debía averiguarlo por mi cuenta…

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¿Será este el mejor modelo guayanes?

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¿o ésta?

Recorrer una ciudad, desde mi opinión, es ir mirando todo aquello que la misma tiene para ofrecernos e ir incluso más allá. Me gusta prestarle atención a la distribución de sus calles, si tiene o no asfalto, como son las manzanas, si hay o no veredas, si tienen mucha circulación de personas, que medio de transporte predomina (si lo que predomina son los colectivos, los autos, los taxis, las bicicletas, las personas caminando, etc.), que posibilidades tienen los peatones a la hora de moverse, de desplazarse, como están distribuidas las viviendas, como están construidas, que dicen de sus habitantes y de sus costumbres, si sus barrios están diseñados más para que las personas se queden en sus casas o para que salgan afuera, si de alguna forma promueven el contacto social o si, al contrario, a través de sus construcciones se puede ver reflejada la segregación social…

En Guyana, por ejemplo, había 7.970 km de carreteras, de los que sólo 590 km estaban pavimentadas.
Conducían los vehículos atolondradamente, no había línea que separase un carril del otro. Tampoco había veredas (la gente caminaba por los costados de la calle), y, según me comentó Lelon (mi host de CS), aproximadamente 200 personas mueren atropelladas por año a causa de ésto.
Hay una ley que prohíbe la circulación de animales en las calles durante el día, pero como no hay ninguna ley para la noche, las vacas duermen tranquilitas toda la noche en las calles..
En Guyana, a pesar de que tiene un crecimiento económico importante a raíz de la explotación de las grandes cantidades de oro que se pueden encontrar en sus tierras, las desigualdades sociales y la pobreza se palpaban en muchos rincones.

En todo el país no vi un solo Mc Donalds, Burger King o alguna de las multinacionales de comida chatarra, Lelon me comentó que el único KFC que había en Georgetown lo habían cerrado por que no cumplía con los requisitos de la franquicia.

La situación económica del país le impedía a sus habitantes tener acceso a un aire acondicionado o pileta para dar batalla al calor (cosa que en muchos otros países es un bien indispensable). Recuerdo aquel día que, con la gota gorda de transpiración sobre mi frente, le comenté a Lelon:
– “Veo que la mayoría de las casas (incluyendo las casas casi mansiones) no tienen aire acondicionado ¿Acá no lo usan?”
-“No, en este país es muy caro mantenerlo. Una sola hora de uso de aire acondicionado se paga con el sueldo de varios días de trabajo. En los únicos lugares que vas a encontrar es en las grandes compañías o en algunos supermercados, el resto ya estamos acostumbrados a vivir sin él. Es más, si nunca antes tuviste uno, no tenés forma de comparar la calidad de vida de lo que sería vivir con y vivir sin aire acondicionado y no renegás de lo que nunca tuviste”.

-“¿y las casas grandes tienen piletas?”
– “En situaciones extremas, cuando hace mucho calor la gente va al río, a los demás días ya estamos acostumbrados…”

La pucha! ¿que querrá decir Lelon con “cuando hace mucho calor”? ¿acaso esto no es mucho calor? están más acostumbrados al calor de lo que imaginé!, -pensaba .

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Una de las tantas casas que hacía juego con las flores

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No tendrán piletas, pero tienen iglesias…

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Y muchas!

Recorrer los supermercados es otra de las cosas que me gustan mucho, especialmente en países tan distintos a Argentina. Me encanta pasear, perderme entre las góndolas, quedarme anonadada mirando la diversidad de productos, de donde vienen, que frutas y verduras hay, como las exponen, que tipos de corte de carne predominan, cual es la carne que más se come, cuales son los precios, si hay o no ofertas, a qué obedece la gente, cuales son las publicidades que predominan, de que producto, etc. Creo que recorrer un supermercado en otro país, más que un trámite, me atrevería a decir que es como una especie de análisis sociológico de un lugar y sus habitantes.

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El supermercado de frutas y verduras

Cuando Mel (la amiga de mi host) me dijo que una de las actividades que había organizado para que conociera era “ir al shopping” no me convenció al 100% la idea (creo que se debe a que suelo imaginarme todos los shoppings del mundo iguales), pero terminé aceptando la invitación, (y la verdad es que no me arrepentí). Cuando comenzamos a caminar y a ver vidrieras, me convencí de que había sido una buena decisión. Todas las vidrieras y los locales hablaban por si solos: los vestidos de moda de estilo hindú, el local de venta de CD´s y DVD´s que eran copias piratas pero que era legal venderlas en pleno shopping, un local exclusivo que vendían imitaciones de perfumes importados, una librería con libros bastante anticuados y desconocidos (por lo menos para mí, que el único libro que conocía era el de los Record Guinness) , los boxeadores y las modelos que posaban para que la gente se sacase una foto con ellos, la fila del cine de cien metros… cada detalle sacaba a relucir un poco más sobre el modo de vida de la gente en ese país. Cuando entramos al cine, juro que nunca vi un cine tan lleno de gente en mi vida. Con todos los asientos ocupados y con un tufo que no dejaba respirar vimos la película y nos reímos todos al mismo tiempo, a pesar de que nuestras culturas eran tan distintas, muchas de las cosas de las que nos reíamos parecían ser universales.

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vidrieras en el shopping

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Un grupo de boxeadores y modelos famosos que posaban con niños para la foto. En esta ciudad quedé fascinada con la variedad de peinados que veía en las cabezas femeninas.

Y no solo el shopping fue una de las distracciones que me ayudó a leer a esta cultura, recorrer los mercados callejeros, el supermercado, las escuelas, me sirvieron también como referencia para saber cómo funciona la cabeza de muchos guayaneses.
A veces creo que las atracciones turísticas son las que menos cuentan de la vida de sus ciudadanos. Vi la catedral y no me decía nada, vi el zoológico y no me decía nada, fui al museo y no me decía nada. Pero podía encontrar un mundo de curiosidades cuando iba al mercado público o escuchaba a un par de guayaneses que se ponían a charlar en la vía pública.

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Charla entre un policía y dos ciudadanos infractores

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Mel (con su infaltable paraguas) fue quien me llevó de paseo por su ciudad (hasta me compró regalos de su país para que lleve a Argentina)

En Guyana parecía que el día transcurría mientras se perseguía un único objetivo: buscar la sombra.. El sol abrasador hacía que sus habitantes buscasen constantemente ir tras ella. Por eso el día comenzaba bien temprano, cuando el sol todavía no calentaba lo suficiente como para impedir moverse.
No era raro ver a la gente caminando con paraguas en un día de pleno sol. Me acuerdo aquel día que Mel quiso llevarme para que conociera el parque, lo primero que cargo al auto fue el paraguas.
Los mosquiteros también formaban parte de los ítems “infaltables” para los guayaneses. En esta zona del mundo diría que era casi imposible dormir sin mosquitero. Los vendían por todos lados, en cualquier esquina o rincón.

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Los clásicos vendedores de mosquiteros

Pasado ya mis días en Georgetown, la capital de Guyana, decidí atravesar el país por la única ruta (o cuasi ruta diría yo) que va desde la capital a Lethem, la frontera con Brasil. Lo que no sabía es que esta cuasi ruta era un camino de tierra lleno de pozos de todo tipo de tamaños y que la combi que me llevaría sería de lo más precaria que jamás haya visto.
Una vez comprado el pasaje, comenzó la dulce espera… pasaron unas dos horas después del horario programado de salida hasta que (finalmente) partimos. En esas dos horas no falto oportunidad de que se acercaran varios vendedores ambulantes a ofrecernos todo tipo de cosas: zapatillas, alicates, maquinitas de afeitar, pares de media, pañuelitos, etc. La gente que esperaba la combi no sabía más como hacerle entender a estos vendedores que no precisaban nada de lo que ofrecían, pero los vendedores se volvían más insistentes ante cada negativa. Bajaban el precio, ofrecían dos por uno, le daban una muestra gratis… pero ninguna de estas estrategias de venta parecía dar en el clavo. Hasta que después de unos veinte minutos de repetir siempre lo mismo, por cansancio terminaban desistiendo e iban al local de al lado a seguir haciendo su trabajo.

En fin, el viaje en combi fue una experiencia única (y espero que irrepetible), tanto por el estado de las carreteras como por el de la combi. Afortunadamente llegamos a Lethem todos los tripulantes sanos y salvos. Cerré mi viaje por el país con un brindis, almuerzo y guitarreada junto a un par de nuevos amigos guayaneses que hice en el camino.

No me puedo quejar.

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En el local de la combi que nos transporto a Lethem, colgaban de las paredes fotos de todas las “hazañas” que las combis vivían en sus viajes

Que el final de ésta aventura sea solo el comienzo de la que sigue…