Francia sin París

Cuando pensamos en Sudamérica, tendemos a concebir dos idiomas: español y portugués, diez países con sus respectivas capitales, un lugar geográfico y una historia más o menos parecida.
Las tres Guayanas aquí, brillan por su ausencia.
Sin Embargo, ellas están ahí, tranquilas, calladitas bien en la cima de Sudamérica. Aunque son, geográficamente hablando Sudamericanas (delimitadas por Brasil, Venezuela y el Océano Atlántico) y culturalmente hablando están más cerca del caribe, las tres Guayanas son imperdibles para todo aquel que esté en búsqueda de esos destinos que muy pocas veces están incluidos en los paquetes turísticos.

Guayana Francesa (G.F) es un departamento de ultramar de Francia, así como las islas del caribe Guadalupe y Martinica, y otros departamentos más. Son territorios que están bajo soberanía francesa pero situados fuera de lo que sería la Francia metropolitana del continente europeo.
Cuando llegué por primera vez a G.F fue inevitable preguntarme: ¿por qué muchos de los que viajan por Sudamérica evitan (consciente o inconscientemente) las Guayanas? ¿Acaso no basta su acaudalada riqueza cultural o su atesorada naturaleza para compensar la ausencia de iconos turísticos?

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En Guayana Francesa te podés encontrar con banderas de Francia y la Unión Europea en cualquier lado

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Esquinas típicas de Cayenne…

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Siempre me pregunto ¿Qué es mejor: conocer más o menos del destino al cual voy?
Cuanto más leo y me informo sobre algunos destinos, siento que no dejo espacios para lo espontaneo y la sorpresa. Y cuanto menos me informo, muchas veces me pasa que me pierdo de conocer alguno de esos destinos recomendados e imperdibles.
Tenía la guía lonely planet de Sudamérica, y me sirvió bastante en algunos destinos, pero para ir a Las Guayanas la quise cerrar y dejar que esos lugares me sorprendieran. Quería que me seduzcan desde la espontaneidad, que sean ellos quienes viniesen hacia mí.
Debo confesar también, que hubo veces que abrí aquella “biblia del viajero” (así las consideran muchos) y la tuve que cerrar casi como un movimiento reflejo, o un capricho. Nunca voy a poder hacer tooodo lo que proponen (ya sea por una cuestión económica, de tiempos o de elección personal). A veces creo que hay que ser una super-viajera para hacer todo eso.

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Una de las “playas” de Cayenne

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Otra de las “playas” (ésta por lo menos era un poco más “bañeable” que la anterior)

Para ir a Guayana Francesa desde Brasil tuve que tomar un avión. Quien me atendió en la aerolínea desconocía si con mi pasaporte podía entrar, así que me tuve que comer los nervios por varios minutos hasta que al fin volé.
El avión era muy pequeño, así que a varios nos reacomodaron (como en una balanza) para que lográramos un balance equilibrado. Una vez que despegamos, se podía apreciar desde arriba el colchón de árboles verdes del Amazonas. Era una vista maravillosa. En mi cabeza se desarrollaba un combate, por momentos me venían pensamientos trágicos: “si nos caemos acá no nos encuentra ni el loro” y por momentos todo lo contrario: “que privilegio este de poder contemplar semejante selva desde arriba”.
Llegamos al aeropuerto de Cayenne (capital de la Guayana Francesa) y pude pasar por migraciones sin ningún inconveniente, el lio que me había hecho la mujer de la aerolínea fue puro espamento.
El orden, la organización y prolijidad del lugar me dejaron boquiabierta. ¿Funcionara así también Francia? Como no conozco Europa, me la imagine tal cual veía a Cayenne: prolija, pero con un par de agregados que Europa, calculo, no debe tener. El calor de morirse, la selva amazónica, la música caribeña y la multiculturalidad.

El ritmo de la ciudad era tranquilo y no había mucho para hacer. Los primeros días me dedique a recorrerla de punta a punta. Es una ciudad muy pequeña, tiene más pinta de barrio que de metrópolis.
Cabe destacar que Cayenne es algo así como “la capital que no es capital”. Si, es la capital de Guayana Francesa, pero como Guayana Francesa no es un país sino un departamento francés, la capital de referencia de éste estado es París.
Me sorprendió la problemática social que esto podía llegar a acarrear.
Como yo no terminaba de entender la relación Guayana Francesa-Francia, se me daba por preguntarle a todo aquel que conocía en el camino: –¿de dónde sos? A esta pregunta algunos respondían: -de G.F, otros: -de Francia, y me dejaban más desorientada todavía. Hasta que por fin me fueron explicando cómo era la cosa…
Podría clasificar dos grupos de habitantes: aquellos que nacieron en G.F , descendientes de inmigrantes de países de África, Asia o Centroamérica y Sudamérica, y aquellos que emigraron a G.F hace no más que tres o cuatro años. De este segundo grupo, noté que una gran mayoría no estaban muy contentos de vivir ahí: o por el calor, o la ubicación geográfica (que por ejemplo les impedía viajar frecuentemente debido al alto costo de los vuelos), o los precios (que, si bien aquí se ganaba más, en el supermercado los precios de los productos duplicaban a los de Francia), la dificultad de generar fuertes vínculos con la gente (ya que gran cantidad de ellos vienen con contratos por un determinado plazo y se van), etc.
Lo que los traía a G.F a este segundo grupo era el salario, que, según me relataban, era “mucho más alto que en Francia”. Todos ellos venían con contratos de dos a seis años. “Todos vienen para irse” decían por ahí.
Después de estas charlas, mi sensación fue que G.F era un pueblo dividido en dos: los locales, nacidos ahí o que habían emigrado ahí desde cualquier país menos de Francia, y los extranjeros, que venían de Francia por cuestiones laborales. Por lo general, los códigos internos que tenían para identificar la procedencia de una persona era el color de la piel, la ecuación era: negro=local, blanco=extranjero.

En algo que coincidían todos, sean de donde sean, hayan emigrado legalmente o ilegalmente, era que en G.F la búsqueda de una mejor calidad de vida no era una utopía, sino un objetivo alcanzable.  Todos emigraban atraídos por las condiciones de vida que el sistema social francés les ofrecía.

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Mis compañeros de campamento franceses (todos viviendo en G.F por contrato -de 3 o 4 años- , llegaron a Cayenne por elección, pero ya pensaban en volver a Europa).

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En G.F (y en las Guayanas en general) es muy común econtrarte con esto: carbets. Son construcciones especialmente diseñadas para colgar hamacas. Allá no es habitual los campamentos de carpa, sino los de hamaca. Incluso vienen las hamacas ultra-modernas con mosquiteros, bolsillos y un montón de chiches que le van agregando.

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El motivo principal de este campamento era andar en kayak, aunque ellos no presuponían que en realidad una de las integrantes del equipo no sabía kayakear, ni tampoco iba a poder comunicarse, ya que no sabía hablar en francés.  (si se habrán arrepentido!! jaja)

El francés es un idioma que me gusta mucho. Me encanta como suena, como lo hablan, como putean, como discuten y como se enoja la gente en ese idioma.
¿Cómo es que algunos idiomas son tan ricos y rebuscados que posibilitan el juego de palabras, los neologismos, y otros en cambio, tan pobres, no?
¿Cómo es que en algunas culturas existen tantos términos para dar cuenta de un concepto que en otras culturas no requiere más que una entrada en el diccionario (o a veces ninguna)?
¿Cómo es que en un idioma los fonemas se acomodan y suenan de tal manera que hacen que palabras que son tan distintas suenen igual? En francés por ejemplo, Verre (vaso), suena igual que Ver (gusano), y que Vers (a, hacia), Vert (verde) y Verre (vidrio).
Esta multiplicidad de palabras, sonidos, fonemas, pronunciación, significados, para una misma cosa creo que habla bastante de la cultura que los utiliza.

¿Por qué será que los franceses tienen un acento tan fuerte? ¿Por qué gran parte de ellos solo habla francés? Por lo menos esa fue mi impresión. Ninguno de los franceses que conocí sabía hablar otro idioma. Este también es otro factor importante que, creo, habla bastante de una cultura.
Pierre, uno de los chicos que me hospedó, me contó un chiste que creo que describe bastante bien a los franceses:
Pierre: -¿Cuándo alguien habla tres idiomas es…?
Yo: -Trilingüe
Pierre: -¿Cuándo alguien habla dos idiomas es…?
Yo: -Bilingüe
Pierre: ¿Cuándo alguien habla un solo idioma es… ?
Yo: -… monolingüe?
Pierre: – francés!

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En el ferri, rumbo a las Iles du Salut (Islas de la salvación). Paradojicamente su nombre no coincide con el hecho de que estaban destinadas a alojar a varios presos de Francia, entre ellos, los casos más conocidos son los de Papillon y Dreyfus.

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Postal de la isla

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A pesar de lo atractivo que pueda parecer este mar, no era apto ni para asomar los pies. Las corrientes eran muy fuertes y, supuestamente, está lleno de tiburones.

La mayoría de los franceses no hablaba inglés o tenía un inglés muy básico, era más probable que supieran el español o el portugués que el inglés. Percibí cierto resquemor a todo lo que la palabra “ingles” podía llegar a significarle, “los franceses odiamos el inglés”- me dice Sophie, mi host, con una risa macabra. En una charla con ella, que había venido a trabajar aquí desde París, me comentó que lo que tenían los parisinos (y lo que ella más valoraba) era el carácter conservador al no dejarse invadir por la cultura yanqui. Ellos conservaban las comidas, la música, las tradiciones, ¿Cómo iban entonces a saber hablar inglés fluidamente? Lo veían como un atentado al patriotismo.
Coincidía en muchos aspectos de lo que me narraba Sophie, aunque por momentos su versión de patria me parecía bastante apocalíptica.
Y bueno, siempre que alguien me habla desde una posición ultra-patriótica me permito mis serias dudas al respecto.

Sophie también me habló de la izquierda y la derecha de la Guayana Francesa: por un lado estaban quienes creen que G.F puede ser independiente y autónoma emancipándose de Francia, el más claro ejemplo de que esto era posible residía en mirar a sus vecinos de al lado: Surinam y Guyana, ambos devenidos países soberanos que se independizaron, uno de Holanda, el otro de Inglaterra. Por otro lado, estaban quienes opinaban todo lo contrario: que G.F, si quería seguir prosperando, no podría nunca independizarse de Francia. “No hay suficientes recursos ni industrias aquí como para el auto-abastecimiento”- decían quienes se posicionaban desde este lado, la mayoría franceses de Europa.

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Guayana Francesa era Francia en muchos aspectos, y eso se notaba.
El idioma oficial era el Francés y la moneda oficial, el euro. En el supermercado, la mayor parte de los productos venían desde Francia y muy pocos eran elaborados en Cayenne. La televisión mostraba canales de Francia con noticias de París, (había excepciones: también había un canal de Guayana Francesa, y otros dos de Guadalupe y Martinica).
La radio emitía programas de Francia en vivo, por lo tanto, los horarios estaban desencajados con unas cinco horas de diferencia: a la mañana escuchaban las noticias del mediodía de París y a la tarde las de medianoche. Los autos (muy modernos) tenían patente de Francia. Las escuelas organizaban sus calendarios rigiéndose en el calendario francés: las clases comienzan y terminan en el verano (agosto). La compañía aérea local era Air France, y los vuelos a Francia eran considerados como vuelos domésticos. La característica telefónica era la misma que en Francia y el sistema de salud era exactamente el mismo.

Popurrí de G.F:

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Frutas amazónicas con precios europeos, un clásico.

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En G.F había muchas personas de la comunidad Hmong (grupos etnicos de las regiones montañosas de Vietnam, Laos y Tailandia que emigraron a la región de Cacao en G.F en busca de tierras cultivables, escapando de la inestabilidad política de sus respectivos países).

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Los Hmong son los que se encargan del cultivo de gran parte de las tierras de G.F, además son conocidos por sus restaurantes y sus artesanías.

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Más Popurrí: animales para todos los gustos. Este estaba en las islas de la salvación.

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Otro animalito de las islas

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Y más popurrí todavía: por si algo le faltaba a la G.F, aquí está, es el Ariane 5, un cohete diseñado para colocar satélites en órbita en el espacio desde el Centre Spatial Guyanais, que es su lugar de lanzamiento en Kouru, G.F.

Esté país-estado era un popurrí con todas las letras.
Lo europeo y lo caribeño aquí se entremezclaban en una combinación exclusiva.
El sistema de transporte, con colectivos ultramodernos pero con una frecuencia que daba lastima, nos transportaba al ritmo de los temas de Edith Piaf en versión salsa. (Ese“Non Je Ne Regrette Rien” salsero si que daba ganas de salir a bailar! jaja).
En el mercado de frutas y verduras de los sábados, lucían espléndidas las frutas amazónicas con un precio cotizado en euros que muchas veces espantaba.
Me fuí de G.F con un mambo en la cabeza. Y creo que en eso también residía parte de su particularidad: en no poder terminar nunca de entenderla.

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Las islas fueron utilizadas como una colonia penal desde 1852 en adelante, ganando una reputación por su dureza y brutalidad. Este sistema se fue suprimiendo gradualmente y ha sido completamente cerrada desde 1953. Hoy en día las islas son un popular destino turístico. Aquí se pueden observar algunos de los pocos restos que aún quedan en pie.

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Lugar simbólico: a ese cuadrado llevaban a los presos para cortarle la cabeza.

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La naturaleza de la isla irrumpiendo en las paredes, ventanas, pisos y puertas de lo que alguna vez fue la cárcel…

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Me parece un poco contrastante esto de que crezcan plantas en las paredes de la ex-cárcel. ¿acaso nos estarán queriendo decir algo? A veces pienso que podemos aprender mucho de estos especímenes

FIN.