Cuatro mini crónicas de Salvador y Fortaleza

Cuatro mini crónicas de Salvador y Fortaleza

Como no sabía de qué manera describir mi experiencia por Bahía y Fortaleza, se me ocurrió hacerlo a través de cuatro mini crónicas.

Esto fue lo que salió:

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Bue… no todo en los viajes es tan ordenado como las frutas de este lugar

-Mini crónica N°1: Sobre las “fititas de bomfim” que te quieren enchufar todo el tiempo.
Una Fita de Bonfim o fitinha es un suvenir y un amuleto religioso católico típico de Salvador. Llevan por lo general la leyenda “Lembrança do Senhor do Bonfim da Bahía”. Se venden por toda la ciudad pero especialmente en la Iglesia de Nuestro Señor de Bonfim. Muchos visitantes atan esas fitas a la verja de la iglesia en señal de ofrenda.
Las fitas se venden en varios colores y, según la tradición, ésta debe ser anudada con tres nudos, al que precede un deseo realizado mentalmente y que debe permanecer en secreto, hasta que la fita se rompa por desgaste natural.
Estaba caminando por el casco histórico de Salvador de Bahía y se me acerca un muchacho a hablar. Me regala y ata alrededor de mi muñeca una de esas fititas de color azul, pensé que era un buen gesto de su parte y me quedé charlando con él. A los cinco segundos comienza a hacerme de guía turístico y empieza a contar historias de algunas de las iglesias que teníamos a nuestro alrededor. Y a los dos minutos me dice: “-¿Podés colaborar conmigo por favor comprándome estas pulseras?”. Lo pensé y me enojé un poco “¿Por qué no podía conversar tranquilamente sin que me quisiera vender algo?”- me cuestioné. Como era el primer bahiano que conocía y yo quería tener esas fititas se las compré. 15 a 10 Reales. Una vez que le pagué, el muchacho desapareció como por arte de magia. No le interesaba ni en lo más mínimo comentarme un solo detalle histórico más (que, dicho sea de paso, no sabía si eran ciertos o me estaba chamuyando para vender).
Para mi sorpresa, al día siguiente voy al Mercado Modelo, que quedaba a unos pocos metros del lugar donde el muchacho me había vendido las fititas, y encuentro exactamente las mismas 15 a 1 Real. La sensación de impotencia que tuve en ese momento al sentirme estafada logró malhumorarme por un buen rato, al mismo tiempo que comenzaba a llevarme las primeras impresiones de Bahía.

A partir de ahí, supe que cara poner cada vez que uno (de los cincuenta) se me acercaba con las fititas en la mano. Aunque al fin y al cabo ningún recurso terminaba siendo suficiente para evitar que los vendefitas se te avalanchen.

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Aquí las tienen, son las famosas fititas de Bonfim

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La gente las ata a las fititas en algunas iglesias, especialmente en la igreja do Senhor do Bonfim, en Salvador

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Es muy lindo observar los coloridos de las rejas, ¿cuantas ofrendas y pedidos habrá allí?

-Mini crónica N°2: La señora que te hace borrar las fotos de tu cámara (literalmente)
Venía por la vida sacando fotos, de lo más pancha: uno que bailaba capoeira por aquí, otra que vendía aracajé por allá… Hasta que se me acerca una señora mayor vestida de bahiana y llama a un chico que estaba sentado cerca nuestro y le dice: “-Sácanos una foto para que esta chica se lleve de recuerdo”; y después de que éste chico disparase la foto la señora me dice: “-Ahora tenés que pagarme, yo vivo de esto”. Yo pensé que trabajaba en un puestito vendiendo otra cosa. “-¿Cómo no me aviso antes? Yo no le pedí para sacarnos una foto. No tengo plata”– le dije. “-Entonces eliminá ya esas fotos”– me respondió la bahiana, como una orden.  “-Obvio que las voy a eliminar”– le retruqué. Y por si algo faltaba, la señora se me paró al lado y comenzó a verificar si eliminaba las fotos, una por una le tuve que ir mostrando hasta que aparecía el cartel de “foto eliminada”. ¿Acaso era yo la que percibía que me querían sacar plata todo el tiempo o era así realmente?, esta mujer no había sido la primera, en la calle me resultaba cada vez mas difícil caminar (especialmente en las zonas mas turísticas) sin que haya alguien vendiendo o pidiéndome algo a cambio de “sus servicios”, como el caso de esta señora.

Traté de auto convencerme por un instante de que me estaba haciendo la cabeza al pepe y que tenía que tratar de disfrutar de Bahía y relajarme un poco más, pero no duró mucho…

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No voy a publicar la foto de la señora (por que no la tengo), pero si la de una replica

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Más replicas de la señora

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Estas bahianas no te piden que borres sus fotos

-Mini crónica N°3: El remisero más copado del mundo, que ademas de bendecirte, te dice un precio y te cobra otro
Habíamos ido a ver Capoeira con mi amiga Ana, eran plena 8 de la tarde y el forte de Capoeira quedaba ni muy cerca ni muy lejos del centro, pero después de recibir tres veces el mismo consejo en una misma cuadra: “-tené cuidado nena, no camines por aquel lugar ni por aquel otro”, no me había animado a volver caminando por la misma zona.
Ahí fue cuando decidí tomar un remís, que era la única opción que me quedaba.

Antes de subir le pregunto al remisero cuánto me cobraba para ir a Praia da barra. “-Depende de lo que diga el contador, pero son más o menos 25 reales”– Me responde. Ok, subí, y como nos quedaba de paso, le pregunté si podíamos dejar a Ana en la mitad de camino, el remisero asintió.
Una vez que llegamos al hostel en el que estaba parando, comienzo a buscar los 25 Reales en mi mochila y de repente el remisero me dice: “-son 43 Reales”.

-Ehhhh???, como así? Si me dijo que serían 25 antes de que subiera”– le dije-. “-Lo que pasa es que dejamos a tu amiga en el camino, y eso hizo que desviara un poco el trayecto. Yo no tengo la culpa de lo que marca el contador”– me respondió.

El tachero me hablaba con la mayor tranquilidad del mundo, y yo estaba que explotaba de los nervios. Me enojé, discutimos, le grité, volvimos a discutir y me largué a llorar. No sé si fue por lo que venía acumulando o qué. Me sentía muy “gringa” (como dicen los brasileros a absolutamente todos los extranjeros, sin importar si sos yanqui o no) y los soteropolitanos me lo estaban demostrando todo el tiempo.
Le pagué (el remisero vio que estaba juntando las monedas para llegar a los 41 Reales), tomó eso, y para no sentirse tan culpable me dejó su número de celular: “-por si la próxima te pasa algo y querés que te recomiende algún remís, siempre es bueno tener conocidos acá”– me dijo (¿?). Hicimos las paces, pero no le creí nada de nada.

Me bajo del remís, después de los “X” minutos de discusión, y el remisero, como si fuera poco, concluyó dándome su bendición: “-Fica com deus, voce e uma boa pessoa”-me dice. Embroncada, llego al hostel, tiro el número a la basura y me pongo a charlar con la chica de Taiwán que compartía habitación conmigo. Ella me contó que había pasado por situaciones parecidas, “-imagínate que yo parezco más extranjera todavía que vos”– me dice.

Después de compartir las malas experiencias que habíamos vivido en Salvador, comenzamos a ver fotos de cualquier lugar para olvidar el tema. Y ahí fue cuando comenzamos a reír. Y me vino la imagen mental de lo que había leído ni bien pise el aeropuerto de Salvador: “Sonría, usted está en la Bahía”.

“Que paradójico que justamente para sonreír en estos momentos tenga que hacer todo lo contrario: imaginar que no estoy en Bahía”– pensé.

Es cierto que estas experiencias me generaron bronca e impotencia por no poder hacer nada, pero al mismo tiempo no quería que eso opacase la amabilidad y predisposición de tanta otra gente que me tendió una mano en situaciones cotidianas como darme las indicaciones al tomar un bondi o  sobre como llegar al hostel. No lo conseguí.

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Por las calles del Salvador

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Construcciones antiguas

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Me encantó ver esto

-Mini crónica N°4: Sobre como un hecho lleva a otro y Fortaleza paso a ser la otra cara de la moneda
Viendo como venía la mano con las distancias en un país tan extenso como Brasil, ya había desistido de mi vieja y primer idea de viajar toda la costa en colectivo y a que el último destino fuese Fortaleza. Tenía que resignar ciertos lugares, pero quería conocer el Amazonas, quería conocer las Guayanas, y cambié los planes. Otra vez se repetía el dicho “si quieres hacer reír a Dios, contále tus planes”.
Así fue como decidí ir a Fortaleza en un vuelo económico, del costo de un colectivo, pero en vez de hacer el trayecto en dieciocho horas, lo hice en dos. (Si, las distancias en Brasil son muuuy largas).
Renegué un buen rato para sacar aquel vuelo (para absolutamente TODOS los tramites en Brasil me pedían ese CPF – Cédula de la Policía Federal- que no tenía, y no podía comprar un vuelo sin eso.) Hasta que logré resolverlo.
Llegué a Fortaleza en avión y de poca gana. Me había sentado bien al lado de la ventanilla para que no se me escape nada (nunca me voy a cansar de pegarme a la ventana en los aviones) y ver si eso por lo menos ayudaba a remontar un poco el mal humor que venia acarreando de Salvador.

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Me encanta comenzar a conocer una ciudad por el aire, ver su arquitectura, su distribución, su diseño urbano, sus luces, sus movimientos, sus medios de transporte, ríos, mares, lagos, calles, rutas. Creo que así como entrar a un supermercado es una de las visitas “obligatorias” a la hora de recorrer una ciudad o país, observar desde arriba como funciona una ciudad, como se distribuyen los espacios para la naturaleza, su diseño urbano, hablan también de un lugar y del comportamiento, la idiosincrasia, el jeito de sus ciudadanos.
Así que desde ahora en más, observar una ciudad desde la ventana de un avión, se agrega a la lista de los “must do” de mi propia (y no oficial) lonely planet.

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No sé si se alcanza a ver en la foto, pero la moto con el conductor de chaleco amarillo es una “mototaxi”. En Fortaleza hay muchos, y es más económico que cualquier auto

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Las playas de Fortaleza son las que más me gustaron: el mar es bien azul, el agua es calentita, son limpias y encima te venden estas ensaladas de frutas, que tul!

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Parece una fiesta, pero es una protesta (?) , con coreografías, caras pintadas, cánticos al compás de la samba y fuegos artificiales… Que alguien me explique esto por favor!

Piso por primera vez Fortaleza, en el estado de Ceará, un sábado a la tarde. Venía bastante agotada y no tenía ganas de hablar con nadie. Solo abrí la boca para preguntarle a la señora que se sentaba a lado mío en el avión como podía llegar a “X” lugar. La señora, súper amable, no dejo que me tomara el bus y me dijo: “-ahora viene mi marido a buscarme y le digo que te llevamos a la casa de tu amigo”. La casa de mi amigo era la casa del host que me iba a hospedar vía couchsurfing, ¿Cómo le explicaba a la señora que todavía no conocía a “mi amigo” y que nunca antes había ido a su casa?, a veces explicar lo que es Couchsurfing requiere de ciertos malabares.
Vino el marido de la señora, me llevaron a la casa de mi host, y me charlaron durante todo el trayecto. “-los Cearenses somos así, muy abiertos y receptivos”– me decían en reiteradas ocasiones.

Mientras ellos hablaban, yo debatía con mis pensamientos en que tan cierto es ese dicho de “una de cal, una de arena” y que tanto se aplicaba a mi vida en aquel momento. Me habían vendido unas fititas a diez veces más el precio de lo que costaban, me habían estafado en un remís… pero en ese momento, como por arte de magia, todo lo negativo comenzaba a desvanecerse y las buenas acciones tomaban el protagonismo. ¿Cómo es que esta pareja me estaba ayudando sin cobrarme nada de nada?
Me sorprendí. Por suerte después, a lo largo del viaje, se fueron dando más experiencias como esta y comencé a naturalizar un poco más esto de la gente que te ayuda sin pedir algo a cambio.

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Atardecer en Fortaleza

Mi estadía en Fortaleza a partir de ese momento fue de lo mejor, y aquí vuelvo otra vez a lo que contaba en otro artículo: Pareciera que el lugar donde estuvimos, pasamos, habitamos o vivimos antes, tiene una influencia inversamente proporcional en cómo vamos a valorar o vivir el próximo. Ni nosotros somos los mismos, ni las ciudades son las mismas, entonces la forma en que las percibimos tampoco tiene porque ser igual.
Pareciera que a periodos de (+) sal y (–) arena le siguieran periodos de (–) cal y (+) arena. =S

Que locura.

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Chau. El tipo dejó el carrito con los helados “a la buena de dios” y se fue a dar un chapuzon. ¡Que te parece!      Chau, me fuí también.

*Para leer el otro articulo sobre Bahía, clic acá.

*Para leer a un autor brasilero que me recomendaron y recomiendo (en particular este articulo), clic acá.